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Monica Curiel habla de su Silla La Mari

a chair with three legs

Monica Curiel, Silla La Mari, 2023. Roble, acero y acabado al aceite negro mate; 30 × 20 7/8 × 20 in. Denver Art Museum: Fondos del Luncheon by Design de 2023, 2025.35. © Monica Curiel. © de la fotografía y cortesía de Jimena Peck.

Monica Curiel es una artista multidisciplinaria que vive en Denver. Monica conversó recientemente con Kit Bernal, asistente curatorial del departamento de Arquitectura y Diseño, sobre su Silla La Mari y las interacciones entre el arte, el diseño y su identidad familiar y cultural.

Kit: Has mencionado que tu origen es uno de los principales motores de tu obra. ¿Cómo describirías tu trayectoria o tu identidad? ¿Sientes que hay experiencias concretas que influyen en tu práctica artística?

Monica: Por supuesto. Soy mexicoamericana de primera generación. Mis padres emigraron de México, y yo soy la segunda de cinco hermanos. Esa experiencia, en su totalidad, influye profundamente en mi trabajo. Durante el último semestre en la universidad, un profesor me dijo que, si iba a hacer referencia a la cultura latinoamericana en mi obra, debía ser colorida. En ese momento, el comentario me pareció reductivo; con el tiempo, me dio claridad y motivación. Me hizo cuestionar la forma en la que mi cultura se manifiesta en mi obra. Ser la primera generación me ha ayudado a comprender las complejidades y vacíos de mi identidad. El arte se convirtió en una forma de examinar y navegar esos espacios intermedios, de lo que quiero aportar como una persona de dos culturas.

Kit: ¿Sientes que tu obra en el arte y el diseño ha cambiado la forma en la que te relacionas con tu identidad? ¿O, por el contrario, crees que cuando comenzaste a reflexionar más al respecto tu obra cambió?

Monica: Sin duda, es una relación recíproca. En las primeras etapas de mi práctica, veía la identidad como una fuente de inspiración e investigación: me nutría de la memoria, el lenguaje y la historia personal. Con el tiempo, mi perspectiva ha evolucionado. Empecé a aceptar que no solo soy mexicana, sino también estadounidense. Durante algún tiempo, sentí que necesitaba centrarme exclusivamente en México para honrar debidamente mis raíces. Ahora entiendo que ambos aspectos de quién soy merecen espacio en mi obra. Voy a honrar y a celebrar ambos. Es una fusión.

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Monica Curiel, Silla La Mari, 2023. Roble, acero y acabado al aceite negro mate; 30 × 20 7/8 × 20 in. Denver Art Museum: Fondos del Luncheon by Design de 2023, 2025.35. © Monica Curiel. © de la fotografía y cortesía de Jimena Peck.

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Monica Curiel, Silla La Mari, 2023. Roble, acero y acabado al aceite negro mate; 30 × 20 7/8 × 20 in. Denver Art Museum: Fondos del Luncheon by Design de 2023, 2025.35. © Monica Curiel. © de la fotografía y cortesía de Jimena Peck.

drawing of the chair

Imagen de Silla La Mari. Cortesía de Monica Curiel.

Kit: Creas obras de arte, como pinturas en yeso, y también objetos funcionales, como piezas de diseño e iluminación. Ambos están muy conectados con tu identidad, pero me pareció que en tu obra de yeso esa conexión se percibía en el proceso y en el material. En tus objetos de diseño, vi esa conexión en la forma. ¿Abordas la creación de estos tipos de trabajo de manera diferente?

Monica: Me gustaría decir que el enfoque es el mismo, pero en realidad es diferente. Cuando trabajo con yeso o masilla, el proceso es intuitivo: respondo al material en el momento. En cambio, una obra como Silla La Mari requería un diseño claro y resuelto antes de comenzar la fabricación. Fue un desafío, ya que debí considerar tanto la forma como la función desde el inicio. Ahora mi manera de trabajar tiene más fluidez. Suelo comenzar con un boceto, luego pasar al estudio y dejar que el proceso evolucione desde allí. Se ha vuelto más integrado.

Espero que cualquiera que comparta mi historia, aunque sea solo una parte —alguien que esté navegando entre múltiples identidades culturales, que nunca haya tenido un sentido claro de cuál es su hogar, que haya crecido sin acceso a la educación superior o que simplemente esté tratando de entender el verdadero significado de vivir de manera auténtica—, pueda mirar mi obra y sentir que puede lograrlo.

– Monica Curiel

Kit: Silla La Mari está hecha a mano, pero no está hecha por ti. ¿Cómo fue ese proceso?

Monica: Fue mi primera experiencia diseñando algo que luego iba a fabricarse. Produjimos una edición limitada de cuatro, y al principio eso fue intimidante. Estoy acostumbrada a hacer cambios de manera instintiva a través de la interacción directa con los materiales. Pero, en este proceso, todo tenía que estar planeado de antemano. Me asocié con una empresa de carpintería en Boulder, presenté el concepto y compartí la inspiración: la cultura del mariachi. A mi padre le apasionaba la música de mariachi. Cuando viajábamos en auto de Dallas a México, un trayecto de 18 horas que tardábamos tres días en completar, mi papá ponía música de mariachi a todo volumen. En ese momento pensaba: “Dios mío, por favor, sálvame; ya estoy cansada de esta música”. Pero ahora, de adulta, pienso: “Qué hermosos recuerdos. Simplemente, contemplábamos el paisaje y pasábamos tiempo juntos, en familia”. Quería honrar ese recuerdo. Hice referencia a los trajes de mariachi con los elementos esféricos en el respaldo de la silla, y quise que las patas tuvieran un vuelo, como los pantalones acampanados. Los artesanos me ayudaron a traducir esas ideas en una pieza que pudiera producirse de manera responsable.

Kit: ¿Puedes contarme más sobre tu relación con el mariachi?

Monica: Cuando creces con ciertas cosas, piensas que no son tan especiales o diferentes hasta que te das cuenta de que no todos las tienen. Pienso que la música de mariachi era una de esas cosas que estaban muy integradas en nuestra vida cotidiana. Era lo que escuchaban mis padres, y no me parecía algo que fuera particularmente especial. Con el tiempo, comencé a viajar a México con menos frecuencia y fui tomando más conciencia de la nostalgia que siento. No me identifico con un único “hogar”, pero siento que México es una faceta de ese hogar. Cuando lo extraño, recurro a esa música. Es entonces cuando afloran los recuerdos: esos largos viajes en auto, los paisajes, el tiempo que pasamos juntos. La Mari surgió en esa época, cuando me sentía un poco nostálgica.

two people on horseback

Foto cortesía de Monica Curiel.

mariachi album cover featuring a mariachi band outside in front of low mountains

Foto cortesía de Monica Curiel.

black mariachi pants with white piping

Foto cortesía de Monica Curiel.

Kit: El mariachi no formó parte de mi crianza cultural, pero, al investigar, me di cuenta de que apareció en el mismo momento en que se estaba definiendo la identidad nacional mexicana tras la Revolución. La combinación de todos estos elementos —la vida rural y la ciudad, lo indígena y la influencia española, y el traje de charro y las trompetas— genera una especie de círculo de retroalimentación en el que tanto los componentes individuales que conforman el mariachi como el mariachi en sí son símbolos de México y de ser mexicano.

Monica: Exactamente.

Kit: Al escucharte hablar sobre tu relación con el mariachi y la inspiración para La Mari, y también sobre tus experiencias más amplias de crear tu propia experiencia de cultura mixta, siento que estás haciendo esa misma superposición: el mariachi como lo mexicano y, al mismo tiempo, el mariachi con sus temas propios —la tierra, la sentimentalidad, la familia— dentro de este objeto. La inspiración formal está muy vinculada conceptualmente en todo momento. ¿Fue algo que pensaste de manera intencional o que incide en ti de alguna manera?

Monica: Incide muchísimo en mí. Creo que lo expresaste bellamente. A menudo, ni siquiera me doy cuenta de lo que me afecta hasta que la pieza está terminada. Contemplar Silla La Mari fue uno de esos momentos en los que me di cuenta de que extraño mi hogar. Me encanta cómo hablaste de que simboliza la individualidad o incluso el nacionalismo. Para mí, también representa la valentía, la fortaleza. La obra hizo aflorar todas las historias que llevo conmigo: ver los sacrificios que hicieron mis padres, las limitaciones que enfrentaron y la falta de oportunidades que tenían. Esa realidad vivida marca profundamente lo que hago. En mi práctica, me atrae siempre usar símbolos que tengan un significado personal—fragmentos de recuerdos, experiencia y cultura— como una forma de honrar mis raíces. Cuando visito el pueblo de mi mamá o la casa donde creció mi papá, pienso lo mismo: que no podría estar haciendo lo que hago si hubiera crecido allí. No habría tenido la exposición, ni siquiera el lenguaje, para imaginar esta vida. Ese reconocimiento conlleva un sentido de responsabilidad. No tiene que manifestarse de una forma literal, pero para mí es una responsabilidad hermosa. Una manera de decir: “Estoy aquí gracias a ellos”.

Kit: Otro tema fundamental en el mariachi es el concepto de autenticidad: ser auténticamente mexicano o la figura de un mariachi auténtico en contraposición a un mariachi comercial. Ya mencionaste algo al respecto, pero ¿cómo sientes que te relacionas con el concepto de autenticidad en tus obras? ¿Qué hace que algo te parezca auténtico?

Monica: Creo que todavía estoy en el proceso de definir la autenticidad, en lo cultural, en lo personal y dentro de mi práctica creativa. En este momento, para mí la autenticidad significa usar el arte y el diseño como una lente a través de la cual puedo explorar, comprender y compartir quién soy en este instante, sabiendo que quien soy está en constante evolución. Mis obras surgen de la memoria, la autorreflexión y el linaje cultural, y he aprendido a aceptar que lo que otras personas definen como “auténtico” a menudo es fluido, incluso subjetivo. Como hija de inmigrantes, he sentido lo mismo que sienten muchas personas que están en mi misma posición: en México, no se me percibe como completamente mexicana, y en Estados Unidos, claramente no soy estadounidense. Pero he llegado a un lugar de paz con esa dualidad. Mi experiencia existe en ese espacio intermedio y, en lugar de resistirme, elijo celebrarlo. La autenticidad que aporto a mi práctica artística se basa en acoger ese espacio liminal —ese lugar donde uno podría no sentirse del todo visto o invitado— y usarlo para plantear preguntas sobre identidad, pertenencia y comunidad. No es un rechazo a ninguna de las dos nacionalidades, sino una afirmación de ambas: un “(a una), y (a la otra)”.

Kit: Me encantaría llevar esto al contexto de la delimitación que a veces se hace entre arte y diseño. Ya has hablado sobre cómo quieres desafiar esos límites. ¿Cómo percibes las fronteras en ese espacio? ¿Cómo respondes a ellas?

Monica: Me encanta la pregunta. Suelo pensar en la división entre arte y diseño como un paralelo a las dualidades que se dan dentro de mi propia identidad, ya que soy tanto mexicana como estadounidense. De la misma manera en que no siento que yo exista completamente en una sola categoría cultural, mi obra no existe únicamente en el ámbito de las bellas artes ni únicamente en el del diseño. Ocupa un espacio intermedio, y he aprendido a aceptarlo. En los primeros años de mi carrera profesional, luché con la cuestión del valor —cómo verlo en mí misma y en mi obra— porque no encajaba perfectamente en una categoría o tradición. Pero al fusionar arte y diseño, encontré la libertad para decir: “Este es el valor de mi trabajo, esto es lo que representa, y esto soy yo, sin reservas y de manera inequívoca”. Esa es la bendición, y, francamente, la sanación que el arte y el diseño me han ofrecido.

Kit: En varias entrevistas, has hablado de tu relación con el “sueño americano”. Me encantaría saber qué significa exactamente para ti y cómo se refleja en tu arte.

Monica: Para mí, el “sueño americano” es la posibilidad de hacer algo que de otro modo habría sido inaccesible; algo que, de no vivir en Estados Unidos, quizá no habría tenido la oportunidad de perseguir. A pesar de los desafíos del clima político actual, sigo creyendo en la idea central: la capacidad de forjar tu propio camino. Como artista y diseñadora, veo el emprendimiento como una parte fundamental de ese sueño. La libertad de construir algo desde cero, de expresarme a través de mi obra y de investigar mi herencia e identidad son privilegios que no tomo a la ligera. Este país me ha permitido crear un espacio para mí misma y, a través de ese espacio, he llegado a comprender mejor quién soy y de dónde vengo.

Kit: Esa es una interpretación hermosa. Última pregunta: ¿cuál es el mensaje más importante que esperas que las personas descubran al interactuar con tus obras?

Monica: Creo que es la pregunta más difícil que me hayan hecho, y lo digo en el mejor de los sentidos. Me gustan los buenos desafíos. Lo que me viene a la mente es que espero que cualquiera que comparta mi historia, aunque sea solo una parte —alguien que esté navegando entre múltiples identidades culturales, que nunca haya tenido un sentido claro de cuál es su hogar, que haya crecido sin acceso a la educación superior o que simplemente esté tratando de entender el verdadero significado de vivir de manera auténtica—, pueda mirar mi obra y sentir que puede lograrlo. Quiero que sepan que sus sueños son válidos; y no solo válidos, sino alcanzables. Si mi obra puede reflejar, aunque sea un destello de esa esperanza en otra persona, entonces sé que está cumpliendo su propósito.

Esta entrevista ha sido editada por criterios de claridad y de espacio.