gold letters spell DIVA next to Black and white silhouette of a female singer under stage lights

Definiendo a la diva

illustration of a showgirl

Póster de Julet Chéret anunciando la presentación de La Loïe Fuller en el cabaré Folies-Bergère. París, 1893. Cromolitografía. Victoria and Albert Museum, Londres: n.º E.112-1921.

Nuestra historia comienza en 1835, cuando el crítico francés Théophile Gautier utilizó el término “diva” para referirse a las prime donne de la ópera. La palabra “diva”, que significa “diosa” en latín, se empleaba para describir a aquellas intérpretes de talento excepcional que eran reconocidas como “reflejos del poder divino femenino”. Esta interpretación, en cierto modo, menospreciaba el mérito de estas mujeres al sugerir que sus dones tenían origen divino, en lugar de haberlos conseguido mediante esfuerzo y el dominio de su oficio.
Cincuenta años más tarde, en 1883, el Oxford English Dictionary definió por primera vez “diva” como “una cantante distinguida, una prima donna”, revelando así las raíces del término en las divas de la ópera del siglo XIX. Sin embargo, en el siglo XX se aprecia un cambio en la forma en que el público percibe a nuestras divas. Con la invención del cine, las artistas pasaron del escenario a la pantalla. Esta nueva tecnología permitió a los fans un mayor acceso a sus divas, ya que ya no era necesario verlas en persona para apreciar su talento. Y nace así el culto a las celebridades. ​ 


Pero durante este periodo, el término “diva” también empezó a adquirir un matiz diferente, más centrado en la vida personal de las divas que en su talento. Las divas que no se ajustaban a las normas de los estudios cinematográficos —predominantemente masculinos—, empezaron a ser consideradas exigentes y difíciles. A esta percepción contribuyeron las revistas de chismes de la farándula, que utilizaban las historias personales de las divas para ganar lectores y aumentar la recaudación en taquilla. Estas interpretaciones misóginas no hicieron más que afianzarse a medida que las mujeres luchaban por la igualdad y, en última instancia, conseguían el derecho al voto en 1919.


No fue hasta 2015 que el Oxford English Dictionary actualizó esta definición, en respuesta a los cambios culturales que han alterado radicalmente la forma en que vemos a nuestras divas: ”Una persona, por lo general una mujer, que es presuntuosa, temperamental y sumamente exigente”. Pero quizá esto no haga más que poner de manifiesto el doble estándar que a menudo se aplica a las mujeres que alzan la voz y se hacen valer. Como replicó la actriz Bette Davis: “Cuando un hombre da su opinión, es un hombre. Cuando una mujer da su opinión, es una inaguantable”.


Hoy en día, el término “diva” está siendo reivindicado por numerosos artistas —tanto mujeres como hombres— que asumen lo que significa ser una diva. La reina del soul, Aretha Franklin, capta la esencia de una verdadera diva cuando afirma: “Ser la reina no consiste solo en cantar y ser una diva tampoco consiste solo en cantar. Tiene mucho que ver con el servicio que prestas a la gente… y con tus aportaciones sociales a tu comunidad, así como con tus aportaciones cívicas”. De hecho, las divas más icónicas no solo han creado las bandas sonoras de nuestras vidas, sino que también han utilizado sus plataformas para propiciar cambios sociales, culturales e incluso políticos.


Este otoño, deja que su talento te sorprenda y descubre sus historias en el Denver Art Museum, el único lugar donde se podrá ver esta muestra en Estados Unidos.